Año 2015, ¿el año del cambio?

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Comienza un nuevo año y en todas partes oímos decir que éste será el año del cambio. Que, después de siete años sufriéndola, por fin podremos apartar la palabra crisis de los encarnizados debates televisivos, de las noticias de las 14:00 y del programa de Wyoming. Para algunos eso es algo que sólo se conseguirá manteniendo en el poder al partido que actualmente nos gobierna, el único capaz de recoger lo sembrado en estos duros años de recortes y austeridad. Para otros, en cambio, sólo lo conseguiremos través de una amalgama de partidos de izquierdas, que reactivarán las estructuras productivas a base de reforma y tentetieso. Lo que sí que está claro es que, sin importar dónde le lata a cada uno el corazón, parece que por fin los españoles nos hemos puesto de acuerdo en algo. España va a salir de ésta, y lo hará en 2015.

¿Motivos para tanto optimismo? Los hay, y unos cuantos. El aumento interanual del PIB. Los tímidos avances en disminución de la tasa de desempleo. La caída del precio del petróleo, que supone una cuantiosa disminución del gasto energético nacional. Por no hablar de un escenario económico mundial donde EE.UU. vuelve a hablar de números verdes y Europa parece que se pone por fin de acuerdo en algo (o, mejor dicho, Alemania empieza a dar su brazo a torcer).

Sea para bien o para mal, lo que está claro es que el año 2015 será un punto de inflexión. Estos son, a grandes rasgos, los cambios y eventos cruciales a nivel político y de mercados que marcarán el devenir económico de este nuevo año.

En primer lugar, tanto por relevancia como por calendario, nos encontramos con las elecciones en Grecia. Tras fracasar los intentos por parte del actual primer ministro, Antonis Samaras, de que el Parlamento refrendase al candidato de su partido para gobernar los próximos cuatro años, las elecciones se han adelantado al próximo 25 de enero. Hasta ahí todo correcto. El problema para los mercados es que el favorito de todas las encuestas es Syriza, un partido que propone la reestructuración de la deuda pública e incluso la quita de parte de la misma, además de la nacionalización de la banca y un aumento de los impuestos a las grandes fortunas que ya está provocando una cuantiosa huida de capitales. Las grandes firmas de inversión vaticinan una catástrofe y la prima de riesgo del país heleno ha vuelto a dispararse. Lo que ocurra el próximo 25 de enero afectará a toda Europa, al menos si Alexis Tsipras, el líder de Syriza, cumple sus promesas electorales. Es lógico pensar que una quita de parte de la deuda griega no sólo provocará una nueva escalada de los tipos de interés que deberán pagar los griegos por lo que pidan prestado (con las consecuencias que eso tiene para cualquier país sin superávit), sino que además podría llevar al euro a otro sinvivir como el que presenciamos en el 2012, cuando la prima de riesgo de España, Irlanda y otros países llegaron a niveles insoportables para toda la zona euro. Cuidado porque ahora que el dólar no hace más que subir y que parece que damos los tipos de interés bajos por descontados, un ataque contra el euro podría llevarnos a una subida de tipos que nuestras débiles economías no están en absoluto preparadas para aguantar.

Otro factor que determinará la evolución del año será el precio del petróleo. Se estima que el precio del crudo continuará bajando, incluso hasta los 40 dólares el barril (en junio de 2014 estaba en 116). Evidentemente, esto es algo positivo para países importadores como España, y también lo es para las familias. Ni que decir tiene que esta disminución de su precio nos permitirá algo más de desahogo, además de poder destinar ese ahorro a otros productos de consumo o de inversión que no supongan la huída de nuestro dinero a otros países. Sin embargo, el desplome que han provocado los productores de oro negro para dejar fuera del mercado al fracking ha llevado a Rusia a una situación muy poco saludable. El gigante asiático, que tenía planeados sus presupuestos a partir de unos precios del petróleo en torno a los 100 dólares el barril, ha visto como tiembla su economía ahora que la principal fuente de sus ingresos se ha visto tan notablemente mermada. Así que, aunque esa bajada del precio de la gasolina pueda parecernos el súmmum cada vez que vamos a nuestra estación de servicio, una suspensión de pagos de Rusia (como la acontecida en 1998) podría traducirse en billones de euros perdidos en bonos y valores bursátiles rusos.

Y para finalizar, y en un contexto más nacional, tenemos nuestras propias elecciones. Pensar que un año electoral no afecta al devenir económico de una nación sería desacertado. No sólo ya hemos sido testigos de ciertas medidas de urgencia para ganar votos que contradicen el discurso oficial de los partidos, sino que el panorama de ingobernabilidad con el que nos podríamos encontrarnos tras las próximas elecciones podría resultar, si bien estimulante a nivel democrático, inaguantable a la hora de administrar un Estado y sus estructuras productivas. Especial relevancia tendrán las elecciones autonómicas, preliminares de cara a las generales, que servirán para que los ciudadanos podamos conocer de qué pie cojea cada partido y que coaliciones están más dispuestos a consumar.

El 2015 va a ser un año de cambios, eso desde luego. Ahora bien, si serán a mejor o a peor, nadie puede aventurarlo. De lo que sí que podemos estar seguros es que será un año excitante, tanto a nivel político como económico. Así que pónganse cómodos y disfruten del espectáculo.

 

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