Café Doble Irlandés o cómo las tecnológicas evaden impuestos

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A veces uno oye campanas y cree que sabe dónde, pero ni se acerca. Oímos, cada vez más a menudo, el repicar de la evasión de impuestos en los medios de comunicación. A través de los telediarios, nos enteramos que la última moda entre millonarios, desde hace varios años, es esquivar a Hacienda. Los periódicos nos traen lo último del caso Bárcenas, lo más chic del clan de los Puyol, las cuentas en Suiza de los gentlemen de la lista Falciani. Y cualquier español, claro, escucha los números con cara de pasmo. Empequeñecido, podría decirse. Las cifras parecen exorbitantes.

¿Pero de verdad lo son?

Qué va. Eso son minucias. Menudencias insignificantes. Pecata minuta. Además, que manera es esa de enfangarse, la de infringir las leyes para ahorrarse parte del jornal. Delinquir es cosa de burdos, de zafios. Por qué ensuciarse la honra metiéndose uno en esos lodos, con lo fácil que es hacerlo todo de manera legal.

Si lo que quiere usted es evitar que los del fisco metan las garras en su preciado macuto, no se deje arrastrar por esas maneras, por esos métodos deleznables de baja estofa y peor ralea. Es mucho más fácil marcarse un café doble irlandés con sándwich holandés. Así. Como suena. Y no, no se trata de una broma, ni le estamos pidiendo que ahogue su justificada avaricia deglutiendo en el bar de al lado.

El café doble irlandés y el, no por menos empleado menos apreciado, sandwich holandés, sí que son lo último de lo último en la moda evasiva. O sino, ¿cómo cree que lo hicieron las ocho mayores compañías digitales del mundo para pagar apenas 17 millones de euros en impuestos en España en todo el año 2013? ¿Le parece poco? Pues a ellos seguro que les pareció mucho. En el año 2012 lograron que esa cifra se redujera a tan sólo 1,25 millones de euros entre las ocho.

¿Pero qué diablos es eso del café doble irlandés? Una respuesta apropiada alegaría que es la enésima demostración de la incapacidad de los organismos europeos de consensuar sus disciplinas y reglamentos jurídicos en aras de una Unión Europea que sea Unión de facto y no sólo de boquilla. Pero con analizarlo desde el punto de vista práctico nos bastará por ahora. Que para debates acalorados ya están la Sexta Noche y el Twitter.

El café doble irlandés es un sistema de evasión del Impuesto de Sociedades que se aprovecha de las leyes de explotación de derechos de Propiedad Intelectual para eludir el pago de los impuestos que debería pagar en el país donde esos derechos le generan beneficios. La magia del truco está en aprovecharse de la legislación irlandesa ya que, según la misma, las empresas son residentes fiscales allí donde se encuentran sus centros de administración, sin importar dónde ésta realice la mayor parte de su actividad empresarial.

¿Por qué se le llama doble irlandés? Porque para llevarte los beneficios necesitas de dos empresas, una en Irlanda y otra en un paraíso fiscal. De ésta manera, y para no levantar sospechas, la empresa del paraíso fiscal vende los derechos de explotación sobre su propiedad intelectual a la empresa irlandesa, que a su vez hará lo propio con el país del que quiera extraer sus beneficios, por ejemplo, España. De esta manera, la empresa española puede vender, digamos, un millón de unidades de un teléfono móvil por valor de 600 millones de euros, que, al haber pagado por los derechos de explotación de ese móvil 599 millones, en su cuenta de Pérdidas y Ganancias aparecerá un pingüe beneficio de 1 millón de euros. Los 599 millones de beneficios que han “volado” sufrirán el mismo proceso en Irlanda. La empresa radicada allí tendrá que pagar 598 millones de euros a la ubicada en el paraíso fiscal, también en concepto de derechos de explotación.

Cafe Doble Irlandes (1)

Esos 598 millones tributarán, por supuesto, según la normativa tributaria del paraíso fiscal, que suele ser por el 1% o, en muchos casos, sujetos a exención total. La decisión de que ese dinero regrese al país del que fue extraído dependerá, claro está, de las facilidades que disponga el Gobierno de ese país en forma de incentivos a la inversión.

Así es como las grandes tecnológicas esquivan a Hacienda. Y todo, por supuesto, se hace dentro de la más estricta legalidad. Así que ya sabe. Si lo que quiere es esconder la mayor parte de sus honorarios de las aguileñas narices del erario público, es más aconsejable pedir un café doble irlandés que recurrir a esas prácticas vergonzosas que acabarán llevando sus huesos hasta Soto del Real.

 

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