¿De verdad nos estamos recuperando?

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Dicen algunos que 2015 será el año del cambio. Que atrás quedará el tiempo sombrío de la crisis y del colapso financiero. Que éste será por fin el año en que comenzará el esperanzador camino de la recuperación económica. Dicen que lo plantado va por fin a germinar, que los datos lo demuestran pero, ¿qué datos son esos? ¿De verdad nos estamos recuperando? Mirando los números, uno se desanima un poco.

No sólo no estamos ni de lejos en los niveles de paro previos a la crisis, sino que, al ritmo al que vamos, no los alcanzaríamos hasta bien entrada la década de 2020. La deuda pública va camino de convertirse en el 100% del PIB, y casi con toda seguridad la rebasará, o al menos eso indica los niveles de déficit. Con un 6% de pérdidas anuales, el Estado debe acudir a los mercados para financiarse, y lo hace incrementando su deuda y pagando por el préstamo unos intereses que acaban menguando otras partidas presupuestarias (el gasto estatal en educación, no lo olvidemos, ha pasado de los 12.000 millones en 2008 a 1.800 millones en 2014).

¿Qué razón está llevando a algunos a decir que la crisis es cosa del pasado? Dejando a un lado intereses evidentemente electorales, hay algunas cifras que es verdad que han mejorado. Nos referimos al incremento interanual de casi el 2% del PIB, o la caída de la prima de riesgo de los 630 puntos que llegó a alcanza en julio del 2012 a los 100 puntos básicos en que se encuentra ahora. Sin embargo, si bien estos datos son positivos para la economía española, habría que tener en cuenta que han venido propiciados por factores exógenos.

Por una parte, el incremento interanual del PIB ha venido propiciado por el récord que ha vivido el sector turístico, con 65 millones de visitantes en todo el año. Cifra histórica para el turismo español, pero que no deja de ser consecuencia de un incremento del consumo de los países de la euro zona.

Por otra parte, habría que tener en cuenta también el notable efecto producido por la nueva disciplina estadística de incluir en las partidas del PIB las estimaciones de prostitución y drogas.

Y para finalizar, gran parte de ese aumento del PIB ha venido producido por la caída del precio del petróleo de los 110 dólares el barril de Brent de junio de este año a los 60 con los que cierra el año. Suponemos que no hace falta decir que nada ha tenido que ver el Ejecutivo con el desplome del precio del crudo. TABLA RECUPERACION Con respecto a la prima de riesgo, otro tanto de lo mismo. Su espectacular caída de los 630 puntos a los 110 actuales se le puede reconocer en parte al actual Gobierno, pero en su justa medida. Cierto es que la férrea política de recortes que ha sometido el gasto público en partidas sociales a cambio de mantener unos niveles de déficit ha ayudado a que aumentara la demanda de bonos españoles y, en consecuencia, subiera su precio y bajara el tipo de interés que ofrecen (la prima de riesgo, no lo olvidemos, es la diferencia entre el tipo de interés del bono alemán a diez años y el de su análogo español). Sin embargo, la parte de este aumento en la demanda de deuda española ha sido fruto de, nuevamente, dos factores externos.

Por un lado, la reaparición de incertidumbres con respecto a la economía griega ha disminuido la demanda de su deuda, trasvasándola a nuestro mercado.

Por otra parte, las actuaciones y declaraciones del presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, y su voluntad de hacer “lo que hiciera falta” para mantener a la eurozona unida han supuesto un estímulo para la compra de bonos soberanos de los países de la periferia europea.

Y ni que decir tiene que otro factor fundamental ha sido la aparición de una burbuja en el mercado de deuda de la cual ya hemos hablado anteriormente, y que ha supuesto la disminución de los tipos de interés a nivel global y, en consecuencia, de las primas de riesgo.

Para finalizar, también se podría discutir esa disminución de la tasa de desempleo del 26% del 2012 al 24% del año en que nos encontramos de la que presume el actual Gobierno. Y es que, no sólo habría que contar la población activa que ha dejado de serlo entre esos años por alcanzar la edad de jubilación, sino que además habría que sumarle los más de 200.000 españoles que abandonaron su país a lo largo de la crisis. Además, la calidad de los nuevos contratos de trabajo también deja mucho que desear. Y no se trata sólo de la temporalidad, siendo 122.000 los contratos que se han firmado en 2014 de este tipo, sino que, además, los salarios cada vez son más bajos. Dejando a un lado el incremento de 3€ del salario mínimo que nos han prometido para el próximo ejercicio, los sueldos en España han disminuido en el último año un 1,3%, mientras que en 2007 crecían a un ritmo del 1,1%.

La situación económica presenta signos que señalan a una futura y lenta recuperación, pero la culpa es tanto del turismo y del petróleo como de la actual situación mundial y europea. El problema de los factores exógenos es que si bien pueden actuar como un efecto palanca que desentumezca las estructuras productivas de un país, también pueden provocar todo lo contrario.

Pocas cosas podrían ser peores para nuestra débil economía que dar por descontados estos factores positivos externos y supeditar el crecimiento a ellos. Algo parecido hicimos hace poco con la burbuja inmobiliaria. Convendría recordar que en aquella época alcanzábamos ritmos de crecimiento de Japón o de la Alemania de la reunificación. Y que, al igual que ahora, lo hacíamos a expensas de una coyuntura mundial que tarde o temprano tendrá que acabar.

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