iCar: Apple podría construir el coche del futuro

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Más de uno seguro que ya lo había imaginado. Si fueron capaces de transformar por completo el mundo de los reproductores de audio portátiles y de los teléfonos inteligentes, ¿por qué no iban a hacer lo mismo con la industria automovilística? Los primeros rumores ya han sacudido los hervideros de las redes sociales. Fanboys de Apple y otros no tan entusiastas intercambian en estos días argumentos y burlas a partes iguales en Twitter, campo de batalla de toda disensión que se jacte de ser trending.

Por el momento, y hasta que desde la compañía se emita algún comunicado al respecto, el sueño húmedo de legiones de enfervorizados frikis de la manzanita no es más que pura especulación. Un buen puñado de Y si…’s mezclados con rumores de mayor o menor fiabilidad. Lo cual sería menos que nada… si no se tratase de Apple.

Si algo ha distinguido a la empresa fundada por el póstumo Steve Jobs ha sido su capacidad para asombrar, incluso cuando las expectativas creadas eran demasiado altas. Podríamos apelar al espíritu innovador de Apple, principal intangible de la empresa, y con eso bastaría para crear una duda razonable entre los más escépticos. Podríamos recordar la cara que se les quedó a los que dudaron del futuro del primer iPhone allá por el año 2007. O, simplemente, podríamos decirles que miraran este gráfico:

 Ingresos de Apple en 2014 por producto comercializado (billones de $)

Apple Incomes

Quizás el argumento que más apoye la intención de Apple de entrar en el mercado automovilístico sea la comprobación de la, a estas alturas, nociva dependencia de su compañía en su producto estrella: el iPhone. Por mucho que en el último trimestre de 2014 batiese el récord histórico de beneficios trimestrales, Apple sabe que si quiere sobrevivir tiene que hacer lo que hacen todas las empresas, y más en el convulso mundo de la alta tecnología: evolucionar.

¿Podría sobrevivir Apple en un mercado con tan poco margen de beneficios?

Pregunta muy extendida entre los que recelan de la viabilidad del proyecto iCar. Si atendemos al escaso margen de la industria automovilística (en torno al 1% y el 2,5% por unidad vendida), podría llegar a cuestionarse si una empresa acostumbrada a ingresar hasta 550€ “limpios” por cada iPhone vendido sería capaz de sobrevivir en un mundo que en los últimos 7 años ha ofrecido estas rentabilidades.

margen operativo ordenadores

Pero, ¿opera Apple en un mercado de alto margen operativo? Para nada. La industria tecnológica es, al igual que la automovilística, una industria de bajos retornos operativos. El hecho de que los beneficios de Apple por unidad vendida resulten insultantes si los comparamos con las otras 5 productoras de ordenadores que más venden en el mundo radica en la cultura de negocio que hasta ahora ha tenido la compañía. Sacrificar cuota de mercado a cambio de ganar en diferenciación, prestigio y margen operativo.

MARGEN OPERATIVO PRODUCTOR PC

Si Apple se lanzase en un futuro a fabricar coches, podemos estar seguros que ese “iCar” sería un coche de alto margen, básicamente porque –Apple sólo crea productos de alto margen-. Es parte de su estrategia. Quien compra un producto de Apple no lo hace porque tome esa decisión tras haber comparado sus posibilidades con las de las demás marcas que hay en la tienda, sino porque ya ha tomado la decisión de comprarlo de antemano, a pesar de que algunas de las demás marcas puedan ofrecer expectativas similares a un menor precio.

En cualquier caso, la estrategia de Apple se ha basado en ofrecer exclusividad a sus compradores, distinguiéndoles a partir de un precio superior al de sus competidores, pero no más de lo que son capaces de pagar. El iCar sería por tanto un coche de alta gama, cuyo germen de distinción emanaría de la potencia de su software, a años luz de lo que hasta ahora han sido capaces de programar las compañías automovilísticas clásicas. En un futuro donde la tecnología haya evolucionado lo suficiente como para permitir implementar de manera segura y completa los sistemas de conducción asistida (cuyos sensores ya han sido inventados), el consumidor se decantará por quien le ofrezca mayor fiabilidad, eficiencia, y otras características exclusivas que sólo las mentes de Apple o Google serían capaces de ofrecernos.

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