Agencias de rating: ¿Puedes fiarte de ellas?

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Con motivo del particular calvario que está viviendo la economía rusa últimamente, con su deuda volviendo a alcanzar cotas peligrosas y la cotización del rublo ruso contoneándose arriba y abajo como un yoyó, las agencias de rating han decidido bajar la calificación del bono ruso al grado de bono basura. Como si tal enunciación no provocara un impacto aún mayor en su ya de por sí volátil economía.

Agencias de rating: Fiabilidad e intereses

AA+, BB, BBB, AA-… desde hace décadas, distintos y caóticos métodos de valoración han puesto nota de la manera más despiadada a la deuda soberana de los países. AA+ para España en 2007, a las puertas de la mayor y más larga crisis económica que viviera nuestro país en los últimos sesenta años. AA+ para Estados Unidos, también en el año 2007, tan sólo unas semanas antes de la quiebra de Lehman Brothers. Poco parece importarles a los inversores que, en la bolsa, el comportamiento a largo plazo viene marcado por el impacto y la duración de los llamados Cisnes Negros bursátiles. Esos acontecimientos que cambian por completo las reglas del juego.

El lunes negro de 1987. La caída del muro de Berlín. El default ruso de 1998. El 11-S. En un entorno donde las expectativas sólo se cumplen hasta el próximo gran golpe de timón, confiar en una agencia de calificación podría asemejarse a confiar en un algoritmo que vaticine los vaivenes de los mercados.

Pero no sólo es en el concepto en lo que fallan las agencias de calificación. También sus criterios tendrían que estar en tela de juicio, dado su modelo de su subsistencia. La mayoría de las grandes y medianas agencias de calificación (Standard&Poors, Moody’s, Fitch, Japan Credit Ratings, R&I, A.M. Best y otras) basan su modelo de negocio hoy en día en obtener sus ingresos de los pagos que les hacen los emisores de créditos. Es decir, que quien les paga por esos informes y esas calificaciones crediticias es el mismo ente corporativo que van a calificar.

Parece que ya nadie recuerda el toque de atención que les dio a estas empresas la Comisión Europea en medio de la crisis de la deuda griega. Se les pidió entonces que “actuaran con responsabilidad y rigor”, justo cuando la bajada de rating del bono griego a niveles de bono basura provocó el mayor ataque especulativo contra el euro desde su puesta en circulación. De la misma manera que fallaron al no vaticinar el estallido de la burbuja financiera, ni siquiera cuatro días antes de que ocurriera, tampoco parecen entender que, en momentos sensibles y volátiles, pueden llegar a convertirse el último clavo del ataúd.

Pero si nos parecen estas razones suficientes para no depositar nuestra confianza en ellas, deberíamos investigar primero el sangrante ejemplo de proceder que tuvo la agencia Moody’s con la aseguradora alemana Hannover Rück.

La agencia, tras publicar una calificación no solicitada por la multinacional germana, envió una carta en la que señalaban que habían decidido calificar a la aseguradora sin contraprestación, pero que “esperaban el día en que Hannover estuviese dispuesta a pagar por un informe de calificación”. A pesar de que la aseguradora se negó, Moody’s continuó calificando a Hannover Rück rebajando su calificación durante años sucesivos, mientras continuaba realizando peticiones de pago que la aseguradora rechazaba. En 2004, Moody’s acabó disminuyendo el rating de Hannover Rück al estatus de basura, mientras las demás agencias continuaban dando a Hannover buenas calificaciones.

Se calcula que las pérdidas en capitalización de Hannover Rück ascendieron a 175 millones de dólares en cuestión de horas. Pérdidas que se traducen en despidos masivos en el caso de las empresas privadas y en debilidad económica e institucional en el caso de los países.

Por si fuera poco, la bajada de rating puede constituir en ocasiones un círculo vicioso del que pocos son capaces de salir.  En algunos casos, los grandes préstamos a empresas incluyen cláusulas según las cuales el préstamo otorgado debe ser devuelto si el rating de la empresa baja por debajo de un cierto punto. El prestatario pretende asegurar la reclamación de su préstamo antes de que la empresa se declare en bancarrota, pero la bajada de calificación provoca que la empresa tenga que pagar parte de sus deudas antes de lo esperado y, en consecuencia, disminuye su capacidad el resto de sus deudas y, todavía más, su rating.

¿De qué sirven estas agencias?  ¿Sirven para algo más que para patrocinar a sus clientes y desprestigiar a quienes no contratan sus servicios? El error está, como hemos dicho desde un principio, en el mismo concepto. Quienes pagan a las agencias de ratings buscan ratings altos, y si no los reciben no contratan el servicio. ¿Cómo iban a hacer negocio las agencias de rating si no concediesen calificaciones basadas en los intereses de sus clientes?

 

Toda lo que necesitas saber de economía y empresas en una sola web.

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